FAFAE detecta que el pulso empresarial de Burgos se enfría en el primer semestre del año

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El tejido empresarial burgalés afronta la segunda mitad de 2026 con más cautela que hace un año. La economía provincial mantiene el pulso, pero el ritmo de crecimiento se ha ralentizado y las empresas perciben un escenario marcado por la incertidumbre, el encarecimiento de los costes y las dificultades para ganar competitividad. Solo una de cada tres compañías asegura haber mejorado su facturación durante el primer semestre respecto al mismo periodo de 2025, frente a la mitad que declaraba avances un año atrás.

Son algunas de las principales conclusiones del Índice de Coyuntura correspondiente al primer semestre de 2026, presentado esta mañana por el presidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Burgos (FAE), Nacho San Millán; el vicepresidente, Javier Herrán;  y el vicesecretario general y responsable del Departamento Jurídico de la organización, Íñigo Llarena.

El dato que más evidencia cierto cambio de escenario es el de las empresas que han empeorado sus resultados: casi una de cada cuatro reconoce un retroceso en los primeros seis meses del año. El balance, por tanto, dibuja una economía empresarial que resiste, pero que lo hace con menos margen y con un grado de confianza inferior al registrado en 2025.

Las perspectivas para los próximos meses tampoco apuntan a un repunte generalizado, aunque tampoco a un deterioro acusado. Un tercio de las empresas confía en mejorar su situación durante la segunda mitad del ejercicio, mientras que la mayoría prevé mantenerla estable. La prudencia se impone así como el principal rasgo del estado de ánimo empresarial.

El empleo resiste

Frente a la moderación de la actividad, el mercado laboral ofrece una de las notas más positivas del informe. Más del 30% de las empresas burgalesas ha creado empleo durante el primer semestre, un comportamiento que confirma la capacidad del tejido productivo para seguir generando puestos de trabajo pese a la pérdida de velocidad de la economía.

Las previsiones para los próximos seis meses mantienen esta tendencia de estabilidad. Una de cada cuatro compañías tiene previsto aumentar sus plantillas y la inmensa mayoría del resto apuesta por mantener el empleo. El escenario, por tanto, no es de ajuste de personal, sino de contención y crecimiento selectivo.

La dificultad para encontrar trabajadores cualificados continúa, sin embargo, entre los principales obstáculos para las empresas. A esta carencia de perfiles profesionales se suman unos costes laborales elevados, que desde el punto de vista empresarial siguen condicionando la capacidad de competir.

La energía, un coste que sigue preocupando

El otro gran eje del Índice de Coyuntura es la energía. Aunque para el 80% de las empresas el coste energético no tiene un peso determinante sobre el precio final de sus productos o servicios, el encarecimiento acumulado continúa siendo una fuente de preocupación. Tres de cada cuatro compañías aseguran haber notado el incremento de los precios de la energía durante los dos últimos años.

La electricidad continúa siendo la principal fuente energética del tejido empresarial burgalés, aunque el mapa comienza a cambiar. Más de la mitad de las empresas cuenta ya con energías renovables de autoconsumo y cerca del 40% ha implantado algún tipo de solución de autoconsumo. El gas mantiene también un peso relevante dentro del consumo energético empresarial.

La búsqueda de alternativas para reducir la factura se ha convertido en una prioridad. La mitad de los empresarios muestra interés por fórmulas de contratación conjunta, como la compra agrupada de energía, mientras que una parte importante reclama mayor información sobre las ayudas y las posibilidades de financiación disponibles para acometer proyectos de eficiencia energética.

Pero existen también barreras que pueden frenar la inversión. Uno de cada cinco empresarios asegura haber encontrado dificultades a la hora de ampliar la potencia eléctrica contratada o conectar nuevos suministros. Un problema que, más allá del coste, puede convertirse en un obstáculo directo para la ampliación de instalaciones, la puesta en marcha de nuevos proyectos o el crecimiento de las empresas.

El 40% de las empresas ha tenido problemas con el suministro

La calidad del suministro constituye otro de los puntos de preocupación. Cuatro de cada diez empresas han sufrido cortes, bajadas de tensión o incidencias recurrentes, una situación que puede generar costes y problemas de producción, especialmente en determinados sectores industriales.

La transición hacia modelos energéticos más sostenibles avanza, aunque todavía encuentra dificultades. Uno de cada tres empresarios asume ya costes adicionales asociados a las emisiones de CO₂, mientras que las principales barreras para desarrollar proyectos energéticos o de descarbonización siguen siendo económicas y financieras. A ellas se añaden el desconocimiento técnico y la complejidad administrativa.

El diagnóstico empresarial apunta así a una doble necesidad: facilitar el acceso a financiación para acometer inversiones y simplificar los procedimientos que acompañan a los proyectos de eficiencia, electrificación y descarbonización.

Incertidumbre internacional y presión nacional

El contexto en el que las empresas burgalesas afrontan el segundo semestre tampoco ayuda a despejar las dudas. El encarecimiento de los productos europeos, la debilidad del consumo en algunos mercados y las incertidumbres que afectan a la industria del automóvil condicionan las perspectivas de una provincia con un marcado componente industrial y exportador.

El resultado es un tejido empresarial que no pierde la confianza, pero que afronta los próximos meses desde una posición mucho más prudente que hace un año. Burgos mantiene su capacidad de generar empleo y de invertir en nuevas soluciones energéticas, pero la evolución de la actividad dependerá en buena medida de que las empresas puedan contener costes, ganar competitividad y sortear un escenario internacional cada vez más incierto.

El reto para la segunda mitad de 2026 está, por tanto, en convertir esa capacidad de resistencia en crecimiento y evitar que la ralentización termine consolidándose.

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